En el Dvar Torah del último Shabat, debatimos acerca de la haftará de la semana, donde se describen sucesos que en algún punto se relacionan con los de la parashá.
En la parashá Shalaj Leja se desarrollan los acontecimientos que derivarán en la decisión de D´s de hacer permanecer a los iheduim 40 años en el desierto: Moshé envía espías a verificar la situación en la tierra de Israel, y éstos, a excepción de Ioshúa y Caleb, traen conclusiones pesimistas.
La haftará nos relata que una vez ya muerto Moshé Rabeinu, Ioshúa envía dos exploradores, Caleb y Pinjás, a estudiar la situación, aunque esta vez, y probablemente en base a la experiencia, lo hace en secreto para evitar lo que sucediera lo mismo que en la ocasión anterior.
Nos cuenta la haftará que arriban a la ciudad de Ierijó, y que son hospedados en secreto por Rajav, quien no sólo los alberga sino que también despista a sus perseguidores a cambio de que, una vez que se produzca la llegada de los iheudim, ella y su familia sean protegidos.
El debate se circunscribe al término con el que la Torah adjetiva a Rajav: ishá zonáh.
Las traducciones de los jumashim que utilizamos son variadas, y nos proponen que era posadera, proveedora o comerciante, y en esta línea los comentaristas clásicos de la Toráh, con Rashi como principal exponente, argumentan que por eso les dio hospedaje, porque tenía una posada.
Sin embargo la traducción literal del texto, indicaría que en verdad era prostituta, línea sostenida por Rabbi David Kimji, mas conocido como Radak.
Una vez mas, la literalidad y la interpretación en tiempo y espacio nos proponen una supuesta confrontación.
Mas allá de lo que Rajav era, la realidad es que ella admiraba profundamente al pueblo que Moshé llevó por el desierto y conocía los milagros que Hashem hiciera para ellos.
Por otra parte, concluimos en la fabulosa enseñanza del Tanaj, que nos presenta seres terrenales, complejos y aún más, casi marginales en la sociedad, convertidos en personajes centrales en la supervivencia del pueblo judío.
Rajav, quien luego se convertiría en esposa de Ioshúa, trasciende la interpretación y también la literalidad, y se convierte en una nueva heroína, protegiendo a los espías y permitiendo que éstos regresen al desierto con su informe.
Un dato de color: la forma en que los iheudim reconocieron la casa de Rajav y su familia y los protegieron fue por medio de una cinta roja colocada en la ventana, es posible que este suceso haya dado origen a la creencia popular que atribuye a una cinta roja un supuesto poder que nos protege del mal.
Finalmente, destacamos dos aspectos de la parashá: por un lado consignamos que si bien los exploradores enviados por Moshé traen un reporte pesimista que habla de cómo se veían ellos mismos ante los habitantes de Canaán (son gigantes dicen), la Toráh menciona que se trata de una tierra de progenie de gigantes, con lo cuál cabe preguntarse cuánto hay de complejo de inferioridad en el informe, o si en alguna instancia no existía ya un condicionamiento previo.
El otro aspecto tiene que ver con un acontecimiento muy fuerte: un leñador es sorprendido juntando leña en Shabat, y es condenado a morir lapidado. ¿Fue tan grande la transgresión para que la pena sea tan severa? También analizamos el contexto, en el que el pueblo transita su libertad y aprende por primera vez las leyes que la regulan.
Terminamos nuestro Dvar Toráh comiendo y cantando; ¿cuándo tendremos un poco de suerte, cuándo la rueda de la fortuna va a detenerse frente a nosotros? Así decía la canción en idish.
Pensaba que en Ioná somos muy afortunados, vivir nuestro Dvar Toráh, comer, cantar y estudiar Toráh en un verdadero encuentro intergeneracional hace de nosotros seres inmensamente ricos, y de Ioná una organización sin igual, donde Israel y nuestras tradiciones laten y viven y seguirán viviendo.
Shavuá Tov.
Sergio Pikholtz |